Good COP: la grieta que la OMS ya no puede ocultar

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En Ginebra quedó claro: la OMS conserva poder institucional, pero perdió el monopolio moral.

La llamada Good COP dejó al desnudo aquello que la COP del Convenio Marco para el Control del Tabaco (FCTC, por sus siglas en inglés) lleva años intentando mantener fuera de la vista internacional.

Lo que se jugó en Suiza no fue solo una discusión técnica sobre nicotina, sino un choque entre dos modelos de gobernanza global: uno basado en control, financiamiento condicionado y puertas cerradas; otro apoyado en evidencia pública, diversidad de voces y soberanía regulatoria.

¿Qué es la Good COP y por qué importa?

Mientras la COP oficial del FCTC se blindó tras puertas cerradas —sin prensa, sin público y sin consumidores—, la Good COP hizo exactamente lo contrario: abrió el debate, mostró evidencia científica y expuso las inconsistencias del discurso prohibicionista.

No es un simple evento paralelo: es una contracumbre internacional organizada por científicos independientes y defensores de la reducción de daños para presentar todo lo que la COP censura sistemáticamente:

  • Datos clínicos y biométricos sobre vapeo, snus y nicotina de riesgo reducido;
  • Políticas públicas que redujeron el tabaquismo sin prohibiciones;
  • Análisis de financiamiento, conflictos de interés y presión filantrópica sobre países de ingresos medios y bajos.

Si la COP oficial busca opacidad, la Good COP responde con luz.

Esa tensión marcó toda la semana en Ginebra.


Día 1 — Transparencia vs. control: el modelo de gobernanza en cuestión

El primer día mostró el contraste más evidente.

La COP oficial funcionó como un comité de seguridad nacional: sesiones a puerta cerrada, documentos ocultos, delegados con poco margen de debate. Una estructura política diseñada para evitar preguntas, no para responderlas.

Al otro lado de la ciudad, la Good COP transmitía en vivo discusiones científicas y testimonios de países que lograron reducir el tabaquismo con estrategias que la OMS evita mencionar.

El mensaje que dejó el Día 1 no fue ideológico, sino institucional:

“El modelo de gobernanza del FCTC ya no resiste escrutinio público”.

El monopolio moral empieza a erosionarse cuando la transparencia cambia de bando.


Día 2 — La ciencia ignorada: cuando el dato se vuelve disidencia

Si el Día 1 expuso la arquitectura política, el Día 2 reveló el problema más profundo: no es que falte evidencia, es que la OMS la descarta cuando contradice su narrativa.

Tres voces marcaron la jornada:

Konstantinos Farsalinos

Desmontó la construcción técnica del FCTC con datos clínicos.

Recordó que los riesgos relativos del vapeo frente al tabaco combustible no son debatibles dentro de la literatura científica seria.

Su acusación fue directa: “negligencia por omisión de evidencia relevante”.

Mark Oates

Señaló que el Reino Unido redujo el tabaquismo recomendando el vapeo desde su propio sistema de salud pública.

La OMS nunca incorpora ese modelo en sus evaluaciones globales.

Su pregunta quedó flotando en la sala:

“¿Por qué prohibir en países donde la gente sigue fumando?”.

La contradicción quedó expuesta.

Jeannie Cameron

Hizo algo incómodo para la propia COP: recordó que el texto original del FCTC incorpora explícitamente la reducción de daños.

Ese principio fue borrado de facto por el secretariado, sin consulta a los Estados parte.

El golpe del Día 2 no fue emocional, sino epistemológico: la distancia entre ciencia y política ya no es un matiz, sino un abismo documentado.


Día 3 — Asia rompe el guión: soberanía vs. filantrocolonialismo

El “Día de Asia” fue el más inesperado.

Durante años, la región fue tratada como un bloque obediente a los lineamientos de la OMS y de las ONG financiadas por grandes filántropos occidentales. Ginebra mostró otra realidad:

“Asia ya no está dispuesta a recibir prohibiciones importadas sin evidencia”.

Filipinas

Presentó la Vape Law como modelo de soberanía regulatoria: protege a menores, regula el mercado y ofrece alternativas para reducir el tabaquismo en uno de los países con índices más altos de la región.

El mensaje a la OMS fue inequívoco:

“Lo que ustedes llaman salud pública nosotros lo llamamos injerencia extranjera”.

El concepto prohibido: filantro-colonialismo

CAPHRA y organizaciones de consumidores de varios países documentaron cómo grandes donaciones desde Estados Unidos influyen en la política sanitaria de Asia para promover prohibiciones que no reducen el tabaquismo.

El día cerró con una idea estratégica: los países que concentran el 70% de los fumadores del mundo ya no aceptan ser receptores pasivos.

La OMS perdió su capacidad de hablar “en nombre de Asia”.


Día 4 — El rastro del dinero: cuando la “salud pública” sigue intereses privados

El cuarto día abordó el tema más incómodo para el FCTC: la influencia financiera detrás de las políticas prohibicionistas.

Analistas desarmaron el mecanismo mediante el cual grandes ONG —financiadas por fundaciones privadas— condicionan políticas sanitarias en países de ingresos medios y bajos.

No se habló de conspiración, sino de patrones:

  • Fondos que fluyen desde filantropías occidentales hacia ONG internacionales;
  • ONG que luego ofrecen “asistencia técnica” a ministerios de salud;
  • Asistencia que llega con la expectativa —a veces explícita— de adoptar prohibicione

El caso latinoamericano ilustró el efecto:

México y Brasil, dos mercados gigantes, adoptaron políticas que coinciden punto por punto con las agendas de estas ONG.

El resultado: una expansión masiva del mercado ilícito, sin reducción del tabaquismo.

El cierre del Día 4 fue analítico, no acusatorio: la OMS ya no actúa solo como organismo técnico, sino como receptor de intereses externos que moldean su orientación prohibicionista.


Día 5 — El consenso se rompe: la crisis de legitimidad del FCTC

El último día estaba llamado a consolidar una narrativa: avanzar hacia una prohibición global.

Ocurrió lo contrario: varios países bloquearon el intento.

No fue una victoria total para la reducción de daños, pero sí una señal política clara:

  • El consenso artificial se fracturó;
  • La narrativa prohibicionista ya no se impone sin resistencia;
  • Los consumidores aparecieron como actores organizados, no como nota al pie.

Al mismo tiempo, la estrategia emergente del FCTC —mover el debate del ámbito sanitario al ambiental para intentar nuevas restricciones— confirmó un cambio de fase.

El Día 5 dejó una conclusión estratégica: no terminó la batalla regulatoria, pero terminó la era del silencio.


La pregunta que Ginebra dejó abierta

La Good COP demostró que, cuando la ciencia, la sociedad civil y algunos gobiernos se reúnen sin censura, aparece una imagen muy distinta a la que presenta el FCTC.

Ginebra no fue una disputa técnica, fue un enfrentamiento entre dos modelos de gobernanza:

  • Uno basado en control, financiamiento condicionado y puertas cerradas.
  • Otro basado en evidencia pública, diversidad de voces y soberanía regulatoria.

El futuro del control del tabaco no depende de quién hable más fuerte, sino de quién es capaz de sostener sus decisiones frente al escrutinio internacional. Y en ese terreno, la Good COP ya abrió una brecha que no podrá cerrarse.

Las instituciones temen a la evidencia, los gobiernos temen al costo político. Los usuarios solo tememos una cosa: que nos vuelvan a quitar lo que nos salvó la vida.


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