En las cuatro primeras partes de esta conversación con el Dr. Colin Mendelsohn hicimos el mapa general: vimos por qué la fuerza de voluntad no basta, cómo la reducción de daños abre salidas cuando la abstinencia falla, de qué manera la prescripción puede ser un diálogo y no una orden, y por qué recaer no significa volver a cero, sino sumar experiencia.
En esta quinta parte bajamos un escalón más: del marco teórico al minuto a minuto de la primera semana sin cigarrillos. El foco ya no está en los grandes principios, sino en el tercer café del día, en la primera noche sin humo y en esos viernes con amigos donde el “solo uno” acecha. Aquí, el Dr. Mendelsohn propone un guion muy concreto para atravesar esa fase crítica: cómo combinar parches, chicles y vapeo, qué rutinas conviene mover de sitio, qué hacer con el estrés y cómo usar las consultas médicas como un apoyo antes de que llegue la recaída.
Dr. Mendelsohn, una de las etapas más críticas al dejar de fumar es la primera semana, cuando los síntomas de abstinencia alcanzan su punto máximo. Según su experiencia, ¿estos síntomas varían según el método elegido? ¿Hasta qué punto es posible reducir su impacto combinando herramientas —como chicles de nicotina y cigarrillos electrónicos—? ¿Y cómo pueden los médicos ayudar a las personas fumadoras a diseñar un plan diario que anticipe y gestione tanto el malestar físico como el desgaste emocional de esta fase?
La mayoría de las recaídas se produce durante la primera semana después de dejar de fumar, generalmente debido a la intensidad de los síntomas de abstinencia de la nicotina. Se trata de un periodo crítico que exige el uso correcto y completo de la medicación o del tratamiento elegido. Aunque todos los medicamentos para dejar de fumar ayudan a reducir el deseo y los síntomas de abstinencia, es importante reconocer que algunas molestias pueden persistir incluso cuando la terapia se utiliza adecuadamente.
Cuando se recurre a la terapia sustitutiva con nicotina (TSN), es fundamental asegurar que el paciente reciba una cantidad suficiente de nicotina para aliviar los síntomas de manera eficaz.
Una estrategia especialmente útil consiste en combinar parches de nicotina —que proporcionan un nivel constante de la sustancia a lo largo del día— con una forma de acción rápida, como los chicles o pastillas de nicotina. Para personas con mayor grado de dependencia, se recomienda el uso de chicles o pastillas de 4 mg, en lugar de los de 2 mg, asegurando que se utilicen en cantidad suficiente y de forma regular a lo largo del día.
Del mismo modo, si se emplea el vapeo como ayuda en el proceso de cesación, debe utilizarse con la frecuencia necesaria para controlar los síntomas de abstinencia, garantizando que la concentración de nicotina sea lo suficientemente alta. Si el dispositivo actual no proporciona el alivio adecuado, puede ser necesario cambiar a un modelo más potente.
Medicamentos como la vareniclina, el bupropión y la citisina suelen administrarse en dosis fijas, pero pueden combinarse con productos de sustitución de nicotina para maximizar sus beneficios y ayudar al paciente a atravesar este periodo crítico con mayor eficacia.
Este enfoque combinado parece especialmente útil para quienes enfrentan síntomas más intensos de abstinencia. En estos casos, ¿cuánto influye el ajuste de los hábitos cotidianos y la gestión del entorno durante las primeras etapas del proceso? Y más allá del apoyo farmacológico, ¿qué recomendaciones prácticas suele ofrecer a sus pacientes en esos primeros días para ayudarles a evitar una recaída?
Durante este periodo inicial, es fundamental evitar los desencadenantes personales y las situaciones de alto riesgo que puedan llevar al consumo de cigarrillos, como ya hemos comentado anteriormente. Por ejemplo, si el alcohol representa un factor de riesgo importante, es recomendable evitar su consumo. Del mismo modo, si el café está fuertemente asociado al acto de fumar, puede ser útil sustituirlo temporalmente por té. Estos pequeños ajustes en la rutina diaria pueden marcar una gran diferencia a la hora de atravesar este periodo crítico y mantener el compromiso con la decisión de dejar de fumar.
Mantenerse ocupado y relajado es una excelente estrategia para desviar la atención del deseo de fumar. Además, es esencial recordar la regla de “ni una sola calada”: basta un solo cigarrillo para aumentar significativamente el riesgo de recaída total. Este enfoque ayuda a reforzar el compromiso y a mantener el control en los momentos más difíciles del proceso de cesación tabáquica.
El deseo de fumar suele desencadenarse por situaciones, personas o emociones concretas. Identificar esos desencadenantes personales y desarrollar estrategias eficaces para afrontarlos después de dejar de fumar es fundamental. Entre los estímulos más comunes se encuentran: tomar café, consumir alcohol en compañía de amigos, estar cerca de otras personas fumadoras, fumar después de las comidas y enfrentarse a situaciones de estrés.
Entonces, identificar esos patrones emocionales y conductuales es solo el primer paso. Pero una vez que los pacientes consiguen verlos con claridad, ¿cómo romper el ciclo? ¿Cómo transformar esa conciencia en una acción concreta y sostenida en el tiempo?
Reconocer esos patrones permite anticipar los desafíos e implementar estrategias que ayuden a romper la asociación entre el acto de fumar y las actividades cotidianas. El deseo de fumar tiende a intensificarse al final del día y durante la noche, precisamente cuando las recaídas son más probables. Por eso, es fundamental emplear estrategias eficaces para afrontar esos momentos, manteniendo el foco en el proceso de cesación. Como se mencionó anteriormente, llevar un diario del tabaquismo puede ser útil para identificar estos desencadenantes. Al anticipar situaciones difíciles, el paciente puede elaborar una lista de alternativas al cigarrillo para poner en práctica en cuanto aparezcan los impulsos.
Las formas de terapia sustitutiva de nicotina de acción rápida —como los aerosoles orales, chicles, pastillas o inhaladores— también pueden ser muy eficaces para afrontar estos estímulos puntuales.
Y cuando hablamos de conducta —nos referimos a esas respuestas casi automáticas, profundamente arraigadas—, ¿qué herramientas concretas suele ofrecer usted para ayudar al paciente a interrumpir ese impulso exactamente en el momento en que aparece?
En lo que respecta a las estrategias conductuales, propongo enfoques prácticos como los siguientes:
Distracción: Realizar alguna actividad hasta que pase el deseo de fumar. Por ejemplo, salir a caminar, fregar los platos o practicar respiración profunda. Intente redirigir los pensamientos, recordando los motivos que le llevaron a dejar de fumar o visualizando una escena que le transmita calma.
Evitación: Para los desencadenantes especialmente difíciles —como beber con amigos—, puede ser conveniente evitar esas situaciones durante las primeras semanas hasta sentirse más seguro para resistir el impulso.
Retrasar: Aunque el impulso de fumar pueda parecer duradero, suele alcanzar su punto máximo en 2 o 3 minutos. Si logra posponer la acción durante 10 minutos —por ejemplo, realizando una tarea breve—, es muy probable que el deseo desaparezca.
Escapar: Si la presión del entorno es demasiado intensa, aléjese físicamente. Vuelva a casa, salga a caminar o simplemente cambie de lugar para romper con el estímulo.
Modificar el entorno: Las personas fumadoras desarrollan asociaciones muy fuertes entre ciertos contextos y el acto de fumar. Cambiar pequeñas rutinas —como ver la televisión en otra habitación, sentarse en una silla distinta o usar una taza nueva para el café— puede ayudar a interrumpir esas asociaciones automáticas con el tabaco.
Estos cambios parecen mínimos, casi triviales, pero en la práctica tienen un impacto real cuando se trata de reconfigurar hábitos profundamente arraigados.
Exactamente. Pequeños cambios como estos pueden tener un impacto acumulado muy significativo en el proceso de dejar de fumar, ya que reducen la exposición a estímulos condicionados y refuerzan los mecanismos de neuroplasticidad. Veamos ahora otras estrategias basadas en evidencia para afrontar los desencadenantes del tabaquismo después de la cesación:
Rutina matinal: Comience el día duchándose nada más despertarse, cepíllese los dientes y salga a caminar unos minutos. Un aerosol bucal con nicotina puede proporcionar un alivio rápido y eficaz frente al deseo matinal de fumar.
Consumo de café: Reduzca la ingesta de café o sustitúyalo por té, zumo de naranja o agua. Cambie el lugar habitual donde toma el café por una zona libre de humo. Mantenga la mente ocupada leyendo el periódico, resolviendo un sudoku o utilizando una taza distinta.
Consumo de alcohol: Evite el alcohol por completo durante la fase inicial de cesación. Si decide beber, alterne las bebidas alcohólicas con agua. Cambiar el tipo de bebida (por ejemplo, de cerveza a vino) puede reducir los deseos asociados. Si la tentación es demasiado fuerte, lo mejor es marcharse antes o evitar por completo esa situación.
Exposición al humo: Durante las dos primeras semanas, evite los lugares donde se fuma. Acuda a espacios libres de humo, como bibliotecas o cines, para minimizar la exposición a estímulos olfativos que puedan provocar una recaída.
Gestión del aburrimiento: Evite las recaídas organizando su tiempo libre con actividades estructuradas. Elabore una lista de opciones de ocio: comenzar un nuevo pasatiempo, practicar ejercicio físico o usar objetos táctiles como pelotas antiestrés para mantener las manos ocupadas.
Reducción del estrés: Practique ejercicio aeróbico de forma regular para modular la respuesta al estrés. Aprenda técnicas de relajación como la respiración diafragmática o la meditación mindfulness. Un ejercicio útil consiste en inspirar profundamente por la nariz y exhalar lentamente por la boca durante 10 ciclos consecutivos. Si es necesario, busque ayuda profesional o recursos de gestión del estrés basados en evidencia.
Recompensas por logros alcanzados: Refuerce cada hito sin tabaco con recompensas no farmacológicas: por ejemplo, comprar una prenda nueva o ir al cine. Celebrar pequeños logros refuerza la motivación y la percepción de progreso.
Amistades fumadoras: En las primeras semanas, limite el contacto con amistades que fuman. Tome una pastilla de nicotina o mastique un chicle antes de los encuentros sociales y pida amablemente que fumen en exteriores o lejos de usted. Participe en actividades en grupo en espacios donde no se permite fumar, como el cine. Ampliar el contacto con personas no fumadoras puede funcionar como un poderoso refuerzo positivo.
Después de las comidas: Cepíllese los dientes inmediatamente después de comer, recoja la mesa, lave los platos o dé un breve paseo para romper la asociación entre comer y fumar.
Gestión en el coche: Retire los ceniceros y encendedores del vehículo y realice una limpieza profunda para eliminar el olor a tabaco. Tenga siempre a mano chicles sin azúcar para masticar mientras conduce. Comer pasas o beber pequeños sorbos de agua puede ayudar a reducir el deseo. Implemente una norma estricta de no fumar en el coche, incluso para los pasajeros.
Uso del tiempo de descanso en el trabajo: Redirija las pausas hacia otras actividades: leer, realizar ejercicios de respiración diafragmática en un lugar tranquilo o dar un breve paseo al aire libre para reducir los estímulos de estrés vinculados al entorno laboral.
Durante las llamadas telefónicas: Tenga a mano un bloc para garabatear durante las conversaciones. Conteste con la mano que solía utilizar para fumar y permanezca en un entorno libre de humo, disociando así el acto de hablar por teléfono del hábito de fumar.
Sustitución oral del apetito: Controle la necesidad de llevar algo a la boca masticando vegetales crujientes (como zanahoria o apio), pepinillos, manzanas o chicles sin azúcar. Los caramelos duros también pueden ser una alternativa baja en calorías para satisfacer la fijación oral asociada al tabaquismo.
Estas estrategias basadas en evidencia están diseñadas para reducir la exposición a estímulos de alto riesgo mediante la sustitución de hábitos y la eliminación de señales condicionadas, aprovechando los mecanismos neuroconductuales que favorecen el éxito en la cesación tabáquica a largo plazo.
Dr. Mendelsohn, ya hemos hablado de lo exigentes que pueden ser los primeros días, tanto en el plano físico como en el emocional. En ese periodo de mayor vulnerabilidad, ¿cuál es la importancia de mantener consultas médicas regulares? ¿Y qué tipo de apoyo concreto pueden ofrecer esas visitas para prevenir una recaída incluso antes de que ocurra?
Sí, las consultas médicas regulares después de dejar de fumar son una forma esencial de apoyo, ya que ayudan a mantener la motivación y aumentan significativamente las probabilidades de éxito. Este seguimiento es especialmente importante durante las primeras semanas de abstinencia, cuando el riesgo de recaída es más elevado y un apoyo adicional puede marcar una gran diferencia en el resultado del proceso.
Durante las consultas de seguimiento, el médico debe ofrecer elogios sinceros y palabras de aliento, reconociendo los avances del paciente y reforzando la importancia de la decisión de dejar de fumar. Valorar incluso los pequeños logros ayuda al paciente a mantenerse motivado y centrado en continuar por el camino de la cesación.
Es decir, esas visitas no se limitan únicamente a prescripciones o al control de síntomas: se convierten también en puntos de contacto emocional, momentos en los que el paciente se siente escuchado y acompañado.
Exactamente. Otro aspecto fundamental es el manejo de los desencadenantes asociados al tabaquismo. El médico debe revisar cuidadosamente cualquier desliz que haya podido ocurrir y, en colaboración con el paciente, planificar estrategias más eficaces para afrontar esas situaciones en el futuro. Anticipar los desafíos y diseñar soluciones personalizadas son factores clave para lograr una abstinencia duradera.
Además, durante las consultas, es importante revisar el uso correcto de la medicación. El médico debe comprobar que los tratamientos se estén utilizando adecuadamente, evaluar posibles efectos secundarios y determinar si es necesario ajustar la dosis de la terapia sustitutiva con nicotina o de otros medicamentos. Todo ello garantiza que el paciente reciba el apoyo farmacológico óptimo para evitar recaídas.
¿Y qué otros aspectos deben tenerse en cuenta en estos encuentros, más allá de los controles clínicos más evidentes? ¿En qué debería el médico prestar especial atención?
Otro punto importante es evaluar las mejoras en el bienestar físico y emocional del paciente. El médico puede conversar sobre cualquier cambio positivo percibido desde que se interrumpió el consumo de tabaco, reforzando así los beneficios concretos del proceso. También es esencial vigilar el posible aumento de peso asociado a la cesación y ofrecer pautas para mantenerlo bajo control.
Durante las consultas, el médico debe insistir en la importancia de la regla de “ni una sola calada”, ya que incluso un solo cigarrillo puede desencadenar una recaída completa. Además, es importante animar al paciente a mantenerse activo y ocupado, ya que esto no solo reduce el deseo de fumar, sino que también aporta amplios beneficios para la salud general.
Adoptar un enfoque de “un día a la vez” también es una recomendación valiosa, pues ayuda al paciente a aliviar la presión y a centrarse en pequeños logros cotidianos. Esto hace que el proceso de dejar de fumar sea más manejable y menos abrumador.
Por último, el médico debe programar consultas de seguimiento adicionales según sea necesario, garantizando que el paciente reciba un apoyo continuo durante esta fase de transición. Estas consultas regulares pueden ser decisivas para el éxito a largo plazo, ofreciendo el aliento y la ayuda necesarios para superar los momentos más difíciles.
Dejar de fumar a menudo genera vacíos inesperados a lo largo del día, momentos que antes estaban ocupados por cigarrillos. ¿Cuál es la mejor manera de llenar ese espacio?
Mantenerse ocupado es una de las estrategias más eficaces para quienes están en proceso de cesación tabáquica. Fumar ocupa, con frecuencia, una parte significativa del día y, al interrumpir ese hábito, es común encontrarse con un tiempo libre adicional. Por ello, encontrar nuevas actividades que llenen ese tiempo y desvíen el foco del tabaco es fundamental. Lo ideal es elegir actividades que proporcionen placer y que ayuden a mantener la concentración y el compromiso a lo largo del día.
Una sugerencia útil es elaborar una lista de tareas o pasatiempos a los que recurrir en momentos de aburrimiento. Este puede ser el momento ideal para iniciar una nueva afición o practicar algún deporte. Tener siempre a mano un libro, una revista o un juego de crucigramas puede ayudar. Si se siente inquieto, mantener las manos ocupadas con una pelota antiestrés puede resultar muy eficaz. Además, hacer trabajo voluntario o ayudar a otra persona es una excelente forma de utilizar el tiempo de manera productiva.
Mantenerse ocupado ayuda, claramente. Crear una nueva rutina ayuda. Pero no todas las rutinas se ajustan a todos los estilos de vida. ¿Cómo pueden los médicos adaptar estas estrategias a pacientes cuyo contexto vital impone capas adicionales de complejidad?
Planificar actividades específicas para los momentos en que se solía fumar también es esencial. Si el hábito era fumar después de las comidas, por ejemplo, ese momento puede sustituirse por cepillarse los dientes, recoger la mesa o dar un breve paseo. Durante las pausas en el trabajo, el tiempo puede aprovecharse para leer, practicar respiración profunda o caminar unos minutos al aire libre.
Mantenerse ocupado no solo ayuda a distraer la mente del deseo de fumar, sino que también aporta beneficios adicionales para la salud física y emocional. Los profesionales de la salud pueden personalizar estas estrategias en función de las necesidades individuales de cada paciente, teniendo en cuenta sus intereses, su estilo de vida y posibles condiciones de salud mental. Al ofrecer un apoyo continuo y adaptado, los médicos contribuyen al desarrollo de mecanismos de afrontamiento más eficaces, lo que no solo aumenta las probabilidades de éxito en la cesación, sino que también favorece el bienestar integral del paciente a largo plazo.
Una vez desaparece el cigarrillo, ¿qué puede sustituirlo en los momentos de estrés o tensión?
La ansiedad es una reacción común al dejar de fumar y puede formar parte de los síntomas de abstinencia de la nicotina, aunque la medicación puede ayudar a aliviar estos efectos. Además, muchas personas fumadoras utilizaban tanto el ritual de fumar como la nicotina como estrategias para gestionar el estrés. Cuando ese recurso deja de estar disponible, el malestar puede intensificarse.
Algunas personas también experimentan niveles más elevados de ansiedad debido a trastornos mentales subyacentes. En estos casos, es fundamental planificar con antelación para reducir la ansiedad y prevenir recaídas.
¿Y cómo se traduce esa preparación en la práctica?
Existen formas mucho más saludables y eficaces de relajarse que fumar. La actividad física y el ejercicio son excelentes puntos de partida, ya que ayudan a reducir el estrés de forma natural. Si ya utiliza alguna técnica de relajación con buenos resultados, siga practicándola. Actividades placenteras como la lectura, la vida social o escuchar música también pueden ser útiles para calmar la mente. Conversar con personas de confianza, como amistades o familiares, puede aportar un gran alivio emocional.
En algunos casos, el apoyo psicológico profesional es necesario para abordar cuestiones emocionales más profundas o aprender estrategias de afrontamiento más eficaces. Si padece un trastorno de salud mental, es importante estabilizarlo antes de intentar dejar de fumar. Consulte a su médico o psiquiatra para asegurarse de que su medicación está correctamente ajustada.
El acompañamiento psicológico también puede ser una herramienta valiosa en este proceso. Además, es importante tener en cuenta que fumar reduce los niveles de ciertos medicamentos en el organismo. Al dejar de fumar, esos niveles pueden aumentar, lo que podría provocar efectos secundarios. Esto es especialmente relevante en medicamentos como la clozapina y la olanzapina. Hable con su médico para evaluar si es necesario ajustar la medicación antes de iniciar el proceso de cesación⁴⁰.
Y, cuando aparece el estrés después de dejar de fumar, ¿cómo pueden intervenir los médicos antes de que lleve al paciente de vuelta al cigarrillo?
El estrés es una de las principales causas de recaída durante el proceso de cesación tabáquica. Sin embargo, dado que el estrés forma parte de la vida, la clave está en reducir su impacto y planificar con antelación para evitar situaciones especialmente estresantes.
Aunque el propio hecho de dejar de fumar puede aumentar temporalmente el nivel de estrés, los tratamientos farmacológicos suelen ayudar a mitigarlo. Y lo más importante: los estudios demuestran que, tras dejar de fumar, las personas tienden a sentirse menos estresadas y más felices. Es decir, al contrario de lo que muchas personas creen, fumar no es una forma eficaz de gestionar el estrés, de hecho, lo alimenta.
Esto desmonta una creencia profundamente arraigada: fumar no alivia el estrés, lo agrava.
Exactamente. Existen métodos mucho más saludables y eficaces para gestionar el estrés durante la cesación. La actividad física, por ejemplo, es una herramienta poderosa para liberar tensiones acumuladas y mejorar el estado de ánimo. Incluso un simple movimiento puede reducir significativamente los niveles de estrés.
Otro método eficaz es la técnica de respiración profunda, que puede aliviar la ansiedad e inducir una sensación de calma⁴¹. La técnica de relajación muscular progresiva —que consiste en liberar gradualmente la tensión en distintos grupos musculares— también resulta eficaz para reducir tanto el estrés físico como el mental⁴².
La meditación es una práctica altamente recomendada, ya que ayuda a cultivar un estado de presencia y tranquilidad. Actividades como el yoga o el tai chi combinan ejercicio físico con técnicas de relajación, proporcionando beneficios integrados para el cuerpo y la mente. Para muchas personas, actividades placenteras como la lectura, la música o los encuentros sociales son formas eficaces de desviar el foco del estrés.
Del mismo modo, hablar con amistades o familiares cercanos puede aliviar la tensión emocional, ofreciendo un espacio para compartir los desafíos y recibir apoyo. En los casos más complejos, el acompañamiento profesional puede ser esencial. Estrategias como el asesoramiento psicológico, la terapia cognitivo-conductual (TCC), el mindfulness, la resolución de problemas o el entrenamiento en asertividad son eficaces para aprender a gestionar el estrés de forma saludable.
Descubrir qué técnica de relajación funciona mejor para cada persona y empezar a practicarla antes de dejar de fumar puede marcar una diferencia significativa. Prepararse con antelación para afrontar el estrés de forma constructiva aumenta notablemente las probabilidades de éxito en el proceso de cesación tabáquica.
Dr. Mendelsohn, superada la intensidad inicial del proceso de dejar de fumar, muchas personas se preguntan: ¿y ahora qué? ¿Cuándo y cómo comenzar a reducir el uso de apoyo con nicotina, como los parches o los cigarrillos electrónicos? ¿Cuál es la mejor forma de disminuir ese uso sin poner en riesgo lo que ya se ha conseguido?
Por lo general, se recomienda un periodo de 12 semanas para el uso de la terapia sustitutiva con nicotina (TSN). Después de ese tiempo, el tratamiento puede interrumpirse de forma abrupta o reducirse progresivamente, según las preferencias del paciente. Esta reducción gradual puede hacerse cortando los parches en trozos cada vez más pequeños —por ejemplo, dos tercios, luego la mitad, después un cuarto— o disminuyendo el número de dosis diarias de chicles, pastillas o aerosoles orales.
¿Y si los síntomas reaparecen? ¿Debe el paciente seguir adelante o hacer una pausa?
Algunas personas pueden necesitar continuar usando nicotina durante más tiempo. Si el paciente no se siente seguro para mantener la abstinencia o comienza a experimentar síntomas intensos de abstinencia y un fuerte deseo de fumar al intentar reducir la dosis, continuar usando nicotina es una alternativa mucho más segura que recaer y volver a fumar. Con el tiempo, puede llegar a ser posible interrumpir completamente el uso de la nicotina.
Esto es especialmente relevante para quienes ya han tenido una recaída. ¿Existe alguna forma de protegerse después de suspender completamente el uso de nicotina?
Después de interrumpir la TSN, resulta útil tener siempre a mano una forma de nicotina de acción rápida —como pastillas, chicles o aerosoles orales— para afrontar posibles desencadenantes o situaciones de riesgo que puedan surgir de forma inesperada.
¿Y cómo funciona la reducción progresiva en el caso de las personas que utilizan cigarrillos electrónicos? ¿Se trata de un proceso distinto?
Para quienes utilizan cigarrillos electrónicos, se recomienda reducir gradualmente la concentración de nicotina a medida que se sientan preparados para dejar de vapear. Este proceso resulta más fácil de controlar con dispositivos de sistema abierto, que permiten ajustar los niveles de nicotina de forma personalizada.
Por otro lado, algunas personas pueden necesitar continuar utilizando cigarrillos electrónicos a largo plazo. Esta es una estrategia comprobada para prevenir recaídas y presenta riesgos significativamente menores en comparación con el consumo de cigarrillos convencionales.
Referencias
40. La guía Quick Guide to Drug Interactions with Smoking Cessation (NSW Ministry of Health, 2019) ofrece una visión general de cómo los cambios en el comportamiento al fumar pueden alterar los niveles de ciertos medicamentos en el organismo.
NSW Ministry of Health. (2019). Quick guide to drug interactions with smoking cessation. Recuperado el 2 de marzo de 2024, de https://www.health.nsw.gov.au/tobacco/Factsheets/tool-7-guide-dug-interactions.pdf
41. Visite el sitio web del Dr. Colin Mendelsohn y descargue un ejercicio de respiración diseñado para ayudar a reducir el estrés y mejorar la concentración: http://colinmendelsohn.com.au/index.php/download_file/view/339/186/
42. También puede descargar un ejercicio de relajación muscular progresiva recomendado por el Dr. Mendelsohn, ideal para aliviar la tensión física y mental: http://colinmendelsohn.com.au/index.php/download_file/view/111/186
Dejar de fumar no se decide sólo en el consultorio, sino en esos momentos aparentemente pequeños que llenan el día. Si esta quinta parte te ayudó a mirar de otro modo la primera semana sin cigarrillos, te invitamos a volver al mapa completo: las otras entregas de esta entrevista con el Dr. Colin Mendelsohn exploran el cambio de paradigma en torno a la nicotina, la reducción de daños, la elección de tratamientos y el sentido de las recaídas.
Leer la serie completa no promete un camino perfecto, pero sí algo más valioso: más herramientas, más lenguaje y más margen para negociar con el deseo en lugar de pelear a ciegas contra él.
Este artículo fue traducido y adaptado al español por el equipo de Vaping Today. Publicación original: Libro Las Certezas Salvajes — Ensayo sobre la historia, la farmacología, los efectos y los imaginarios sistémicos de la nicotinay del e-book Além da Força de Vontade (Más allá de la fuerza de voluntad). Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.
