La pandemia: ¿una oportunidad para atacar el consumo de tabaco?

¿Tácticas contra el tabaco durante la pandemia?
Foto: Adobe Stock

El artículo “¿La pandemia de COVID-19 brinda una oportunidad para eliminar a la industria tabacalera?” ha merecido el análisis cuidadoso y certero de Clive Bates. El autor publicó su comentario en el portal Pubpeer, que distribuye textos científicos para la revisión y discusión de expertos. Y una vez más, Clive kills.

¿La pandemia de COVID-19 brinda una oportunidad para eliminar la industria tabacalera?” es el título del curioso artículo publicado el pasado 26 de octubre en el periódico The Lancet Global Health. Los autores son John P. A. Ioannidis, investigador del Stanford Prevention Research Center y Meta-Research Innovation Center (METRICS) de la Universidad de Stanford, y Prabhat Jha, del St Michael’s Hospital de la Universidad de Toronto.

Es una falacia común en la salud pública asumir que prohibir algo lo hace desaparecer.

Desde el título Bates presenta su tesis y deja a entrever su conclusión basada en la lógica y el buen sentido. Se trata de “el caso de la prohibición construido sobre una premisa falsa y desconectado de la realidad”. Luego, en el texto, introduce la cuestión y la delimita perfectamente: “Las fallas en el razonamiento de este artículo son muchas y fatales. Examinaré algunas declaraciones en el comentario extraídas como citas en negrita. Pero para dar una breve respuesta a la pregunta del título: no”.

¿Por qué no sirve la prohibición?

No. Por supuesto que no. Y Clive Bates señala el equívoco inicial proyectado por los autores, quienes, quizás no tan ingenuamente pero de modo poco realista, defienden una guerra a las drogas en su versión en contra de la nicotina. Como si fuera posible encontrar en la prohibición de algo una solución para reducir sus potenciales daños. “Eliminar la industria tabacalera no eliminaría la demanda por la droga nicotina”, recuerda Bates. “Si alguna vez se intentara, cambiaría la forma en que se suministra la nicotina. Es una falacia común en la salud pública asumir que prohibir algo lo hace desaparecer”.

Eliminar la industria tabacalera significa modificar un mercado con más de mil millones de consumidores e ingresos que superan los 800 mil millones de dólares por año en todo el mundo. Se enfatiza el término modificar porque, además de la reacción del complejo comercio legalizado, las consecuencias relacionadas al mercado ilegal no son sencillas de prever.

Los autores insisten en argumentar que el ambiente mundial creado por la Pandemia “ofrece un precedente para la adopción de medidas drásticas para eliminar la industria tabacalera”. Como si asumieran que estamos acostumbrándonos a medidas restrictivas y coercitivas y los gobiernos pudiesen aprovechar una oportunidad. Casi parece que estuvieran abogando por medidas autocráticas.

Didácticamente Clive explica que, a diferencia del virus, las enfermedades relacionadas con el tabaquismo no son transmisibles. “Los gobiernos no funcionan como un deus ex machina todopoderoso que puede simplemente intervenir y solucionar cualquier problema de cualquier manera que pueda. En las democracias, los gobiernos generalmente operan con el amplio consentimiento del público y una amplia gama de partes interesadas, evitan conflictos con grandes subpoblaciones y tratan de que ellos mismos sean reelegidos”.

Algunos contraargumentos

Hasta ahora, solo Bután ha intentado prohibir los cigarrillos, con efectos mixtos (por ejemplo, el consumo de tabaco oral sigue siendo alto). Esta situación podría cambiar radicalmente en la era de la COVID-19”, escriben los autores del artículo. Y a raíz de esto reciben una clase completa de Clive Bates:

“El caso de Bután es realmente instructivo, aunque los autores no se han tomado en serio sus lecciones. La prohibición de Bután no ha funcionado. Tiene una prevalencia del consumo de tabaco del 25% (34% entre los hombres) y la prohibición ha creado un mercado negro controlado por la juventud emprendedora de Bután, como reveló un informe reciente de la OMS: 

‘A pesar de los esfuerzos de las autoridades competentes, ha surgido el mercado negro del tabaco, como se temía inicialmente. Las tiendas que prosperan con la venta ilícita de tabaco y sus productos han encontrado una forma de burlar la ley. Un flujo constante de clientes leales continúa sosteniendo estas tiendas que, a lo largo de los años, se han convertido en una red de mercado negro. Estudios recientes han encontrado que los jóvenes de Bután, que se encuentran entre los más altos de la región en consumir tabaco y sus productos, se encuentran en el centro de este creciente bien de contrabando (OMS 2020)’”. 

Los autores insisten en presentar estrategias que suponen realistas y útiles, como establecer una fecha en el futuro en que las ventas de tabaco estarían prohibidas o comprar a los productores de tabaco e imponer restricciones a la importación de otros países. Y culminan con la frase: “Naturalmente, surgirían preocupaciones sobre el contrabando. Sin embargo, el contrabando a gran escala se puede combatir de manera eficaz“.

Clive propone a los autores ver la serie Narcos en Netflix, como una forma sencilla y divertida de estudio sobre el tema. Pero recuerda que “también hay literatura convincente sobre los múltiples daños derivados del vasto tráfico ilícito de drogas”. Esta afirmación la acompaña con las fuentes pertinentes.

“Curiosamente, los autores no mencionan la situación en la que se probó la prohibición de los cigarrillos como parte de la respuesta a la COVID-19 en Sudáfrica. La prohibición de la venta de tabaco en Sudáfrica no funcionó, mostró todos los efectos que cabría esperar y desde entonces se ha revertido. Los informes de la Unidad de Investigación sobre la Economía de los Productos de Impuestos Especiales (REEP) de la Universidad de Ciudad del Cabo documentaron el fracaso:

‘Nuestros hallazgos sugieren que la prohibición de la venta de cigarrillos está fallando en lo que se suponía que debía hacer. Si bien la intención original de la prohibición era apoyar la salud pública, las desventajas actuales de la prohibición pueden superar las ventajas. 

Los fumadores compran cigarrillos en grandes cantidades, a pesar del cierre, y las marcas inusuales se están volviendo frecuentes. […] La actual prohibición de ventas está alimentando un mercado ilícito que será cada vez más difícil de erradicar cuando termine el cierre y la crisis de la COVID-19. Fue un error continuar con la prohibición de venta de cigarrillos en el nivel 4 de bloqueo. El gobierno debería levantar la prohibición de la venta de cigarrillos lo antes posible’.

Un mejor enfoque

Finalmente, Clive Bates presenta una propuesta mucho más realista. Parte de la premisa de que “los autores han entendido mal cómo funcionaría la prohibición de la venta de tabaco en los mercados del mundo real y por qué las medidas extremas utilizadas en respuesta a la COVID-19 no les proporcionan un precedente útil para combatir el tabaquismo”. 

Para Bates, el mayor problema es que “las ideas de “grandioso golpe maestro”, como esta, desplazan y distraen de enfoques más cuidadosos y pragmáticos para crear transiciones a favor de la salud en los mercados”. Y sobre esta base pasa a presentar su propuesta:

“En mi opinión, esta es una mejor manera de abordar este problema.

  • Abandone el enfoque de la guerra contra las drogas y la creencia equivocada de que hacer algo ilegal lo hace desaparecer: no es así. Este enfoque ha fracasado por completo y con terribles consecuencias.
  • Reconozca que es probable que exista una demanda continua, y probablemente permanente, de nicotina como una droga recreativa leve (como ocurre con la cafeína y el consumo moderado de alcohol), especialmente si la nicotina se puede consumir sin la carga para la salud que implica fumar. Tenga claro que su objetivo es reducir el daño, no eliminar el uso de nicotina.
  • Resuelva migrar la demanda de nicotina de productos para fumar a productos no combustibles de bajo riesgo que reduzcan radicalmente los daños asociados con el sistema de administración: vapeo, tabaco calentado y sin humo y nicotina oral en lugar de productos para fumar.
  • Desarrollar un régimen fiscal y regulatorio ‘proporcional al riesgo’ para incentivar tanto a los consumidores como a la industria tabacalera a cambiar de productos de alto riesgo a productos de bajo riesgo.
  • Respaldar las medidas fiscales y regulatorias con comunicaciones para alentar a los consumidores a cambiar y brindar información sobre el riesgo para informar la elección del consumidor.
  • Garantizar un mercado competitivo que fomente la innovación con bajas barreras de entrada para garantizar que la industria tabacalera se enfrente a la competencia para ofrecer productos de bajo riesgo y no solo establezca un oligopolio egoísta.

De lejos, la mejor manera de lidiar con el problema de los daños relacionados con el tabaquismo es seguir las preferencias de los consumidores (la mayoría no quiere morir de una muerte agonizante, pero a muchos les gusta la nicotina) y remodelar el mercado de la nicotina para eliminar el principal vector de daño: el humo. 

Necesitamos abordar ‘el final del juego’ con algo de cuidado, una mirada clara a los objetivos, con un sentido de pragmatismo sobre lo que se puede lograr en política y con el consentimiento del público y los consumidores”.


Este artículo lo produjo el equipo de Vaping Today. Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.

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