Más allá de la fuerza de voluntad: una conversación con el Dr. Colin Mendelsohn

Fecha:

El Dr. Colin Mendelsohn no habla de renunciar, sino de negociar con el deseo. Médico australiano formado en Sídney y con más de dos décadas de práctica clínica, es una de las voces que han movido el debate sobre el tabaquismo del terreno de los dogmas al de la evidencia.

Referente internacional en reducción de daños y premio Michael Russell 2024, defiende terapias personalizadas y tecnologías de transición —cigarrillos electrónicos, tabaco calentado, bolsas de nicotina— como herramientas para disminuir el riesgo cuando la abstinencia no es inmediata ni posible. Autor y formador, el Dr. Colin ha tejido puentes entre la ciencia, la clínica y la política pública con una ética sencilla: cuidar sin moralizar.

En esta conversación, publicada en seis partes, desarma inercias, aclara el papel de la nicotina, propone estrategias para prevenir recaídas y, sobre todo, invita a desterrar el estigma que aún pesa sobre la dependencia.

Dr. Mendelsohn, para comenzar nuestra conversación, me gustaría que nos ofreciera una visión general del panorama actual en relación con el tabaquismo y los esfuerzos por dejar de fumar. Según su experiencia clínica y científica, ¿cómo han evolucionado los tratamientos disponibles y la forma en que la comunidad médica —y la sociedad en general— perciben este problema? ¿Cuáles diría que han sido los avances más significativos, especialmente con la aparición del enfoque de reducción de daños?

El estado actual del tratamiento para dejar de fumar podría describirse, en una palabra, como decepcionante. A pesar de décadas de investigación y práctica clínica, las tasas de éxito con los tratamientos convencionales siguen siendo extremadamente bajas. Incluso en los ensayos clínicos aleatorizados —considerados el patrón oro de la investigación médica—, los mejores medicamentos disponibles arrojan resultados modestos. 

Según el informe Cochrane de 2023¹, tras seis meses, las tasas de éxito oscilan entre apenas un 8 % con los parches de nicotina y un 14 % con vareniclina. Es decir, más del 85 % de las personas fumadoras continúan fumando incluso con los tratamientos más eficaces. Además, entre quienes logran dejarlo, la recaída sigue siendo un obstáculo persistente. No existen estrategias probadas para prevenirla², y los datos muestran que, tras cuatro años, sólo un 6 % de los participantes en ensayos clínicos permanecen abstinentes³. En el mundo real, estas cifras son aún más bajas.

Aunque el apoyo conductual puede aumentar las tasas de éxito, la realidad es que pocas personas tienen acceso a este tipo de asistencia, lo que hace que el panorama sea aún más complejo. Y cuando se trata de personas fumadoras en situaciones vulnerables o marginadas, las tasas de abandono del tabaco son incluso más bajas, lo que pone de relieve la necesidad urgente de estrategias más eficaces que también aborden las desigualdades sanitarias y económicas.

En este contexto, la reducción de daños en el consumo de tabaco surge como una solución esencial para quienes no pueden o no desean abandonar por completo el tabaco o la nicotina. Productos como los vaporizadores de nicotina, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina deben estar disponibles como opciones complementarias a los métodos tradicionales de cesación. Cada persona responde de forma distinta a los tratamientos, por lo que es fundamental ofrecer una gama diversa de alternativas que permita a las personas fumadoras elegir la opción que mejor se adapte a sus necesidades.

Quedaron claras las limitaciones clínicas de los tratamientos actuales y la necesidad de ofrecer alternativas más eficaces. Pero, más allá del enfoque terapéutico, ¿diría usted que ha cambiado nuestra forma de comprender el tabaquismo? ¿Cómo ha evolucionado esa percepción, tanto en la sociedad como en el ámbito médico?

En el pasado, fumar se consideraba un mal hábito o una elección consciente por parte de quien fumaba. Hoy reconocemos el tabaquismo como una forma de dependencia. Las personas fumadoras pierden el control sobre su conducta relacionada con el tabaco y el 90 % de ellas se arrepiente de haber empezado. La mayoría desea dejarlo, pero muchas simplemente no pueden. 

Hubo un tiempo en que se creía que bastaba con la fuerza de voluntad del paciente para dejar de fumar. Sin embargo, hoy entendemos que el proceso es mucho más complejo. Aunque la fuerza de voluntad desempeña un papel, los mejores resultados se obtienen mediante la combinación de medicación, asesoramiento conductual, educación y apoyo continuo. A pesar de ello, la mayoría de las personas que llevan años fumando enfrenta enormes dificultades para superar esta dependencia.

El consumo de tabaco sigue siendo la principal causa evitable de enfermedad y muerte en todo el mundo. Aun así, suele ser ignorado tanto por los gobiernos como por los profesionales sanitarios. Una de las razones es la baja eficacia de los tratamientos disponibles, que puede llevar a muchos profesionales a pensar que su tiempo estaría mejor invertido en otras cuestiones.

Creo que hemos llegado a un punto en el que los tratamientos centrados exclusivamente en la abstinencia ya no son suficientes. Estos métodos abordan los síntomas de abstinencia y el deseo de fumar sólo a corto plazo, pero no enfrentan los aspectos conductuales del tabaquismo ni el deseo persistente de nicotina. Por eso, productos como los cigarrillos electrónicos y el tabaco calentado han demostrado ser eficaces: replican el comportamiento y las sensaciones de fumar y proporcionan la nicotina que las personas fumadoras necesitan, al mismo tiempo que ayudan a prevenir recaídas mediante un uso prolongado.

Hoy también reconocemos que algunas personas necesitan continuar consumiendo nicotina a largo plazo. Los sistemas de administración de menor riesgo —como las bolsas de nicotina o el snus sueco— ofrecen una forma segura de mantener ese consumo. Sin embargo, los prejuicios persistentes y los malentendidos sobre estos productos de riesgo reducido siguen obstaculizando su adopción a gran escala.

Esto nos lleva al papel de los profesionales de la salud. En un contexto en el que crece el consenso científico en torno a la reducción de daños y se reconoce la complejidad de la dependencia del tabaco, ¿cuáles son, en su opinión, los principales retos a los que se enfrentan actualmente los médicos en la práctica clínica?

Actualmente, los profesionales de la salud están sobrecargados con un volumen abrumador de información y múltiples prioridades que compiten entre sí, lo que con frecuencia dificulta su actualización constante. El consumo de tabaco es sólo una de las muchas condiciones críticas que requieren su atención, y la mayoría de estos profesionales también debe enfrentarse a una limitación crónica de tiempo. Tratar el tabaquismo requiere tiempo y los profesionales sanitarios muchas veces —partiendo de una suposición errónea— creen que las personas fumadoras carecen de voluntad o de capacidad para dejar de fumar. Aunque el conocimiento sobre la dependencia del tabaco ha crecido exponencialmente, gran parte de esta información aún no ha llegado a la práctica clínica de primera línea. La formación adecuada de los profesionales de la salud sigue siendo un reto urgente y esencial.

Además, los proveedores de atención sanitaria han mostrado una resistencia significativa a aceptar la estrategia de reducción de daños en relación con el tabaco, a pesar de las crecientes evidencias que respaldan este enfoque. Esto tiene que cambiar, ya que la reducción de daños posee un enorme potencial para mejorar la salud pública y ofrecer mejores resultados a las personas fumadoras que no consiguen dejar el tabaco por completo.

Dr. Mendelsohn, pasemos ahora al papel de la nicotina, una sustancia que a menudo se malinterpreta o se presenta de forma distorsionada. Según su experiencia, ¿cómo deberían los médicos comprender la nicotina en el contexto del tratamiento para dejar de fumar, especialmente en el caso de pacientes que no logran abandonarla por completo? ¿Y cómo varía esta percepción según el contexto clínico o cultural?

La evidencia es clara: aunque la nicotina puede generar dependencia, se trata de una sustancia relativamente benigna. El riesgo que representa para los usuarios es muy bajo y, en algunos casos, incluso puede ofrecer beneficios significativos. Desde hace décadas sabemos que “las personas fuman por la nicotina, pero mueren por el alquitrán”, como afirmó Russell⁴ en 1976. Esto significa que la nicotina, por sí sola, no es la causa del cáncer ni de las enfermedades pulmonares y su implicación en las enfermedades cardiovasculares es bastante limitada.

Aunque lo ideal sería que las personas abandonaran por completo el uso de productos que contienen nicotina, para algunas personas exfumadoras el mantenimiento del consumo de nicotina a largo plazo es una estrategia eficaz para prevenir recaídas en el tabaquismo. La reducción de daños relacionada con el tabaco se centra precisamente en este punto: sustituir los cigarrillos por formas de consumo de nicotina menos perjudiciales, como los vaporizadores, los sobres de nicotina, el snus sueco o el tabaco calentado.

El uso continuado de estos productos es considerablemente más seguro que volver a fumar. Además, la nicotina ofrece ciertos beneficios que algunas personas usuarias valoran, como el placer, la mejora de la concentración y el alivio de la ansiedad. También se ha demostrado científicamente que puede proporcionar efectos beneficiosos en determinadas enfermedades, como la esquizofrenia, el TDAH, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Parkinson.

Todo indica que el papel clínico de la nicotina ha sido, durante años, distorsionado por la desinformación. ¿De qué manera cree usted que el estigma y los malentendidos afectan tanto la percepción pública como las decisiones médicas en torno a las terapias basadas en nicotina?

Debido a su asociación con el tabaquismo, muchas personas creen erróneamente que la nicotina es el componente nocivo del humo del cigarrillo. En realidad, casi todos los daños relacionados con el tabaquismo provienen de más de 7.000 sustancias químicas y toxinas liberadas durante la combustión del tabaco, y no de la nicotina en sí, como demuestran estudios recientes, como el de Khouja (2024)⁵. 

Diversas investigaciones, incluido el estudio de Steinberg⁶ publicado en 2020 en el Journal of General Internal Medicine, revelan que tanto los profesionales de la salud como el público en general creen equivocadamente que la nicotina es perjudicial y causa cáncer, entre otros problemas de salud. Este malentendido conlleva una consecuencia preocupante: muchos profesionales sanitarios se muestran reacios a recomendar productos de nicotina de riesgo reducido o terapias sustitutivas de nicotina, como los parches o los chicles. Del mismo modo, las propias personas pacientes dudan en utilizar estos productos y, cuando lo hacen, a menudo los emplean en dosis insuficientes o interrumpen el tratamiento de forma prematura, impulsadas por temores exagerados sobre los supuestos peligros de la nicotina.

Estudios como el de Hannel⁷, publicado en 2024, demuestran que, cuando se corrigen estos malentendidos, las personas fumadoras muestran mayor disposición a adoptar estos productos, lo que incrementa significativamente sus probabilidades de dejar de fumar con éxito. Por ello, es fundamental erradicar la desinformación sobre la nicotina, de modo que los profesionales sanitarios puedan orientar mejor a las personas fumadoras en la toma de decisiones informadas sobre el uso de productos de nicotina más seguros y terapias sustitutivas, contribuyendo así a mejores resultados en salud pública.

Esto nos lleva a los mitos y fantasmas que siguen circulando, incluso en entornos clínicos. Según su experiencia, ¿cuáles son los malentendidos más persistentes en torno al tabaquismo y a la nicotina? ¿Y cómo podemos desmontarlos de forma eficaz, tanto en la formación médica como en la práctica clínica?

Desmontar estos malentendidos sobre la nicotina ha sido una tarea extremadamente difícil. En 2006, fui coautor de un artículo dirigido específicamente a corregir estas creencias erróneas⁸, pero, lamentablemente, desde entonces ha cambiado muy poco. El artículo abordaba nueve mitos ampliamente difundidos.

El primero —y quizá el más común— es la creencia de que la nicotina es el componente más nocivo de los cigarrillos. Aunque fumar es indiscutiblemente peligroso, casi todos los daños causados por el tabaco derivan de las sustancias químicas liberadas durante la combustión del cigarrillo, no de la nicotina en sí. La nicotina no es el componente más perjudicial del cigarrillo.

Un mito relacionado es la idea de que la nicotina provoca cáncer. Esta creencia ignora el hecho de que son las toxinas liberadas durante la combustión del tabaco las que tienen efectos cancerígenos, no la nicotina. La nicotina no es responsable del cáncer en personas fumadoras⁹.

Del mismo modo, existe una idea muy extendida de que la nicotina, por sí sola, es responsable de las enfermedades cardiovasculares. En realidad, el mayor riesgo para el corazón y los vasos sanguíneos proviene del consumo habitual de cigarrillos, que implica una combinación de agentes perjudiciales. La nicotina no causa enfermedades cardiovasculares en personas sanas¹⁰.

El artículo también refutaba el mito de que fumar mientras se utiliza una terapia sustitutiva con nicotina (TSN) es extremadamente peligroso y aumenta el riesgo de infarto. Incluso en aquel momento, la evidencia científica ya demostraba que la TSN es considerablemente más segura que seguir fumando, incluso si la persona no deja de fumar de forma inmediata. Fumar mientras se utiliza una TSN no es peligroso y no incrementa el riesgo de infarto.

Otros mitos se referían a la seguridad de las terapias sustitutivas con nicotina. Por ejemplo, existía una creencia muy extendida de que utilizar más de una forma de TSN al mismo tiempo era inseguro. Sin embargo, los estudios mostraban que combinar métodos —como parches de nicotina y chicles— puede, de hecho, aumentar la eficacia del abandono del tabaco sin elevar significativamente los riesgos¹¹. Usar más de una forma de TSN simultáneamente no es peligroso.

Otro error común era la comparación errónea entre las TSN y los cigarrillos, especialmente la creencia de que las terapias sustitutivas son tan adictivas como fumar. El artículo demuestra que, aunque la nicotina tiene un potencial adictivo, el grado de dependencia generado por las formas de TSN es mucho menor, ya que estas no producen el pico rápido de nicotina en sangre característico del cigarrillo. Las terapias sustitutivas con nicotina no son tan adictivas como fumar¹².

Quizá los mitos más alarmantes fueran los relacionados con el uso de TSN durante el embarazo y la lactancia. Muchas personas creen que estas terapias son tan perjudiciales como seguir fumando durante estos periodos críticos, lo cual desincentiva a muchas mujeres a buscar alternativas más seguras. Sin embargo, la evidencia indica que, aunque lo ideal sería la abstinencia total de tabaco y nicotina, la TSN representa una opción mucho menos perjudicial que seguir fumando durante el embarazo o la lactancia¹³. 

Por último, el artículo abordaba la seguridad del uso de TSN en adolescentes fumadores —otro tema altamente controvertido—. La percepción común es que estos métodos no deberían recomendarse a jóvenes. Sin embargo, la realidad es que, para adolescentes que ya han desarrollado dependencia a la nicotina, las terapias sustitutivas ofrecen una alternativa mucho más segura que el consumo de cigarrillos¹⁴.

Aunque nuestra intención en 2006 era desmontar estos mitos con base en evidencias científicas sólidas, el progreso ha sido lento. Las creencias profundamente arraigadas son difíciles de erradicar, incluso frente a los hechos. Es fundamental que los profesionales de la salud tengan acceso a declaraciones procedentes de autoridades independientes y respetadas, como el Royal College of Physicians del Reino Unido¹⁵, la Royal Society for Public Health¹⁶, Public Health England¹⁷ y el National Health Service (NHS) británico¹⁸. Del mismo modo, organismos como la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC)¹⁹, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos²⁰, las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM)²¹, Cancer Research UK²² y Health Canada²³ han afirmado explícitamente que la nicotina, por sí sola, no causa cáncer.

Más allá de los esfuerzos mencionados, transformar estas percepciones erróneas exige una mayor inversión en la educación sobre la nicotina, tanto en la formación médica inicial como en los programas de educación continua para profesionales sanitarios. Este conocimiento es fundamental para capacitar a los médicos a fin de orientar mejor a sus pacientes y ayudarles a tomar decisiones más informadas sobre las terapias sustitutivas de nicotina y los productos de riesgo reducido.

Y parte de ese desafío, al parecer, tiene que ver con el propio lenguaje, con la manera en que nombramos y enmarcamos el uso de la nicotina. ¿Cree usted que es fundamental establecer una distinción clara entre “dependencia” y “adicción” en el ámbito clínico? ¿Y de qué manera podría ese matiz terminológico cambiar nuestra forma de abordar el tratamiento?

El deseo de consumir nicotina en su forma pura, como ocurre con el uso de cigarrillos electrónicos, no debería clasificarse estrictamente como un uso problemático, un abuso o, como suele denominarse popularmente, una «adicción». Según la Addiction Ontology, el término “adicción” se refiere a una compulsión por participar en una conducta que se sabe causa daños graves a la salud. Bajo esta definición, “la adicción es una disposición mental que conduce a episodios repetidos de motivación anormalmente elevada para involucrarse en una conducta cuyo resultado implica un riesgo significativo o la aparición de un perjuicio neto”. La nicotina, por sí sola, tiene efectos mínimos sobre la salud y el deseo de vapear se describe más adecuadamente como una dependencia. La dependencia se define como la necesidad de consumir una sustancia para evitar los síntomas físicos del síndrome de abstinencia cuando su uso se interrumpe.

Además, la dependencia de la nicotina suele estar sobrestimada. Otros compuestos presentes en el humo del tabaco, como los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO), potencian los efectos adictivos de la nicotina²⁴. La rapidez con que la nicotina se administra a través de los cigarrillos también aumenta su potencial para generar dependencia.

Sin embargo, fuera del humo del tabaco, la nicotina presenta un potencial de dependencia mucho menor. Productos como los chicles o los parches de nicotina conllevan un riesgo extremadamente bajo de generar dependencia²⁵ y, aun así, algunas personas exfumadoras los utilizan durante largos periodos como estrategia para prevenir recaídas. Asimismo, la dependencia del tabaco se ve intensificada por factores conductuales, sensoriales y sociales.

El uso de términos como “adicción” o “vicio” conlleva una connotación peyorativa y puede fomentar actitudes negativas y juicios hacia las personas fumadoras. En cambio, el término “dependencia” está menos estigmatizado y representa un fenómeno común en nuestra sociedad —como se observa en el consumo de cafeína o de productos azucarados—. Si esta terminología se adoptara de forma más generalizada, los profesionales de la salud podrían desarrollar una actitud más empática y positiva hacia las personas que fuman.

Además, existe un claro doble rasero cuando se compara la nicotina con la cafeína. Mientras que la dependencia de la nicotina suele provocar reacciones alarmistas, la dependencia de la cafeína se trata con mucha más ligereza. La cafeína se percibe, por lo general, como un pequeño precio a pagar a cambio de sus beneficios y placeres, sin el estigma que acompaña a la nicotina. La sociedad, por tanto, tiende a tolerar el uso de la cafeína al tiempo que demoniza la nicotina, a pesar de que ambas comparten propiedades estimulantes y pueden generar dependencia.

Al igual que la nicotina, la cafeína ejerce efectos estimulantes sobre el sistema nervioso central y puede afectar al sistema cardiovascular. Ambas producen síntomas similares de abstinencia, como irritabilidad y dolores de cabeza, cuando su consumo se interrumpe²⁶. Estudios realizados por Cappelletti (2018)²⁷ y Maessen (2020)²⁸ destacan que tanto la cafeína como la nicotina pueden ser letales en casos de sobredosis.

La cafeína es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo²⁹. Muchas personas consumidoras habituales de café experimentan síntomas de abstinencia muy similares a los de la nicotina cuando dejan de ingerir su dosis diaria. No es raro oír a alguien decir que “no puede empezar el día” sin una taza de café. Es importante subrayar que ninguna de estas sustancias —ni la nicotina ni la cafeína— debería ser consumida por personas jóvenes.

Referencias

1. La Cochrane Database of Systematic Reviews ofrece evidencia sólida sobre los tratamientos para dejar de fumar, destacando los cigarrillos electrónicos con nicotina, la vareniclina y la citisina como las intervenciones más eficaces para lograr la cesación a largo plazo. Específicamente, los cigarrillos electrónicos ayudan a aproximadamente 14 de cada 100 usuarios a dejar de fumar, mientras que la vareniclina y la citisina presentan tasas de eficacia similares. Estos enfoques superan a los métodos tradicionales, como los parches o chicles de nicotina, cuando se usan de manera aislada. La terapia de reemplazo de nicotina (TRN) combinada, que asocia un parche de liberación continua con productos de acción rápida (chicles o pastillas), también muestra resultados positivos, ayudando a cerca de 12 de cada 100 fumadores a abandonar el consumo. Otras opciones farmacológicas, como la bupropión y la nortriptilina, presentan una eficacia moderada, aunque el bupropión se asocia con un riesgo ligeramente mayor de efectos adversos.
Lindson, N., Theodoulou, A., Ordóñez-Mena, J. M., Fanshawe, T. R., Sutton, A. J., Livingstone-Banks, J., Hajizadeh, A., Zhu, S., Aveyard, P., Freeman, S. C., Agrawal, S., & Hartmann-Boyce, J. (2023). Pharmacological and electronic cigarette interventions for smoking cessation in adults: Component network meta-analyses. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2023(9), CD015226. 
 

2. La Revisión Cochrane de 2019, realizada por Livingstone-Banks et al., analizó intervenciones para el tratamiento de la dependencia del tabaco, revelando evidencia de alta certeza de que la combinación de la terapia de reemplazo de nicotina (TRN) de acción rápida con parches transdérmicos aumenta significativamente las tasas de abandono del tabaquismo. Además, los cigarrillos electrónicos demostraron ser potencialmente más eficaces que la TRN tradicional. La vareniclina destacó por su capacidad para ayudar a prevenir las recaídas, mientras que los incentivos financieros también resultaron eficaces, aumentando las tasas de cesación incluso en contextos desafiantes, como durante el embarazo. Livingstone-Banks, J., Ordóñez-Mena, J. M., Hartmann-Boyce, J., & Aveyard, P. (2019). Interventions for smoking cessation. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2019(10), CD003999. 
 
 

3. El estudio de Rosen et al. (2018) revela que solo el 6 % de los fumadores en ensayos clínicos aleatorizados permanecen abstinentes después de cuatro años, lo que evidencia las dificultades para mantener la cesación a largo plazo. Medicamentos como la vareniclina y la bupropión han demostrado ser eficaces para aumentar las tasas de cesación en el corto plazo; sin embargo, sus beneficios tienden a disminuir con el tiempo, con tasas de abstinencia a los 12 meses en torno al 19 %. La mayoría de las recaídas ocurren en las primeras semanas, estabilizándose después de aproximadamente tres meses, lo que refuerza la importancia de intervenciones y apoyo intensivo en las fases iniciales del proceso. Estudios con verificación bioquímica rigurosa indican que mantener la abstinencia en el corto plazo aumenta significativamente la probabilidad de éxito a largo plazo. 
 
Rosen, L., Haakstad, M. A., & Borland, R. (2018). Long-term smoking cessation rates and effectiveness of interventions: An analysis of randomized controlled trials. Addiction, 113(12), 1821–1832. 
 


4. Russell M. A. (1976). Low-tar medium-nicotine cigarettes: a new approach to safer smoking. British medical journal, 1(6023), 1430–1433. 
 
 

5. Estudios recientes, como el de Khouja et al. (2024), indican que la mayoría de los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo provienen de la exposición a más de 7,000 productos químicos liberados durante la combustión del tabaco, y no de la nicotina en sí. Compuestos tóxicos como el formaldehído y el benceno son responsables de gran parte de las enfermedades asociadas con el consumo de tabaco, incluidos el cáncer de pulmón, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y las enfermedades cardiovasculares. Si bien la nicotina es adictiva, su uso aislado, como en productos no combustibles (por ejemplo, los cigarrillos electrónicos), presenta riesgos significativamente menores, ya que no implica la exposición a los subproductos tóxicos de la combustión. Esta distinción es crucial para orientar las políticas de salud pública y desarrollar estrategias de cesación que prioricen la reducción de la exposición a toxinas nocivas.  
 
Khouja, J. N., Sanderson, E., Wootton, R. E., Taylor, A. E., Church, B. A., Richmond, R. C., & Munafò, M. R. (2024). Estimating the health impact of nicotine exposure by dissecting the effects of nicotine versus non-nicotine constituents of tobacco smoke: A multivariable Mendelian randomisation study. PLoS Genetics, 20(2), e1011157. 
 


6. El estudio de Steinberg et al. (2021) reveló variaciones en las percepciones erróneas de los riesgos asociados con la nicotina entre los médicos, influenciadas por factores como el género, la edad y la especialidad médica. Los médicos más jóvenes y las mujeres demostraron una mayor precisión al reconocer los riesgos de la nicotina en relación con los defectos congénitos, mientras que los neumólogos fueron menos propensos a asociar directamente la sustancia con la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Además, los médicos de familia tenían más probabilidades de considerar erróneamente la nicotina como un carcinógeno, en comparación con los oncólogos. De manera inesperada, los obstetras/ginecólogos presentaron una mayor incidencia de errores al identificar los riesgos de defectos congénitos. La mayoría de los médicos encuestados coincidió en gran medida en que la nicotina contribuye a las enfermedades cardiovasculares (83,2 %), la EPOC (80,9 %) y el cáncer (80,5 %), aunque solo el 32,9 % reconoció correctamente su relación con los defectos congénitos. 
 
Steinberg, M. B., Manderski, M. T. B., Wackowski, O. A., Delnevo, C. D., & Giovenco, D. P. (2021). Nicotine risk misperception among US physicians. Journal of General Internal Medicine, 36(12), 3888–3890. 
 
 

7. Hannel et al. (2024) aborda la importancia de corregir las percepciones erróneas sobre los riesgos de la nicotina para mejorar los resultados en la salud pública. Los autores destacan que los principales daños del tabaquismo derivan de la combustión del tabaco y no de la nicotina en sí, una distinción que a menudo es malinterpretada por el público. Esta percepción equivocada puede dificultar la transición hacia productos de riesgo reducido, como los sistemas electrónicos de liberación de nicotina (ENDS) y el tabaco sin combustión, que presentan un potencial significativamente menor de causar enfermedades en comparación con los cigarrillos tradicionales. El estudio presenta datos impactantes, sugiriendo que una mayor concienciación sobre el verdadero papel de la nicotina podría evitar cientos de miles de muertes prematuras a lo largo de décadas. Por otro lado, la perpetuación de estos equívocos puede resultar en pérdidas significativas de vidas. La solidez metodológica de la investigación, basada en un modelo computacional por agentes y en datos del estudio PATH (Population Assessment of Tobacco and Health), refuerza la validez de las conclusiones. Los autores defienden la necesidad urgente de campañas educativas para corregir estas percepciones erróneas, destacando que una comunicación pública eficaz puede ser una herramienta poderosa para cambiar comportamientos y promover la salud. El estudio también resalta la importancia de las estrategias de reducción de daños como un componente central de las políticas de cesación del tabaquismo. 
 
Hannel, T., Wei, L., Muhammad-Kah, R. S., & Patel, D. (2024). Modeling the population health impact of accurate and inaccurate perceptions of harm from nicotine. Harm Reduction Journal, 21, 145.  
 
 

8. Zwar, N., Bell, J., Peters, M., Christie, M., & Mendelsohn, C. (2006). Nicotine and nicotine replacement therapy – the facts. Pharmacist, 25(12). 

9. International Agency for Research on Cancer (IARC) 2012.

10. Benowitz N. Cardiovascular toxicity of nicotine: Implications for electronic cigarette use. Trends Cardiovasc Med 2016)

11. Cahill K. Pharmacological interventions for smoking cessation. An overview and network meta-analysis. Cochrane review 2013

12. Shiffman S. Dependence on e-cigarettes and cigarettes in a cross-sectional study of US adult. Addiction 2020

13. Claire R Pharmacological interventions for promoting smoking cessation during pregnancy. Cochrane 2020

14. Polosa R. A Close Look at Vaping in Adolescents and Young Adults in the United States. J Allergy Clin Immunol Pract 2022

15. El análisis del Royal College of Physicians concluye que los cigarrillos electrónicos son significativamente menos perjudiciales que el consumo convencional de tabaco y pueden ser una herramienta eficaz para dejar de fumar. Aunque el informe reconoce que los cigarrillos electrónicos no están exentos de riesgos, enfatiza que los beneficios potenciales para la salud de los fumadores que hacen la transición al vapeo superan ampliamente los riesgos asociados con su uso. La institución apoya la promoción del vapeo como una estrategia de reducción de daños, pero subraya la importancia de mantener una regulación estricta para evitar que los jóvenes y los no fumadores comiencen a consumir nicotina a través de estos dispositivos. 
 
Royal College of Physicians. (2016). Nicotine without smoke: Tobacco harm reduction. Londres: Royal College of Physicians. 

Royal College of Physicians. (2024). E-cigarettes and harm reduction: An evidence review. Londres: Royal College of Physicians. Recuperado de https://www.rcplondon.ac.uk/projects/outputs/nicotine-without-smoke-tobacco-harm-reduction 
 
 

16. El artículo de la Royal Society for Public Health (RSPH) propone un cambio significativo en la percepción pública sobre la nicotina, afirmando que, cuando está aislada, no es más perjudicial para la salud que la cafeína. La institución busca aclarar malentendidos comunes que asocian erróneamente la nicotina con los riesgos de los productos de tabaco. Según la RSPH, la principal preocupación con la nicotina radica en su potencial adictivo, y no en efectos directos sobre la salud, especialmente en comparación con sustancias tóxicas presentes en el tabaco, como el alquitrán y el arsénico. La investigación revela que el 90 % del público todavía considera que la nicotina es perjudicial, lo que refuerza la necesidad de una comunicación más clara sobre los riesgos reales. El informe defiende la promoción de alternativas más seguras, como los cigarrillos electrónicos y los productos de terapia de reemplazo de nicotina (TRN). Las medidas sugeridas incluyen la creación de zonas libres de humo, el aumento de la disponibilidad de cigarrillos electrónicos en los servicios de cesación, la venta obligatoria de productos de TRN en las tiendas de tabaco, el licenciamiento de los vendedores de productos de tabaco y el cambio de nombre de los cigarrillos electrónicos para diferenciarlos de los cigarrillos convencionales. 
 
Royal Society for Public Health. (2016). Nicotine “no more harmful to health than caffeine”. RSPH. Recuperado de https://www.rsph.org.uk/about-us/news/nicotine-no-more-harmful-to-health-than-caffeine.html 
 
 

17. La revisión de 2018 de Public Health England (PHE) concluyó que los cigarrillos electrónicos son significativamente menos perjudiciales que el consumo convencional de tabaco y pueden ser eficaces como herramienta para dejar de fumar. El informe destaca que estos dispositivos presentan solo una fracción de los riesgos para la salud asociados con el tabaquismo tradicional, con el potencial de reducir significativamente las enfermedades relacionadas con el tabaco. Sin embargo, la PHE también enfatiza la importancia de una regulación estricta para restringir el acceso a estos productos por parte de los jóvenes y los no fumadores, al mismo tiempo que se incentiva a los fumadores activos a adoptar alternativas más seguras. 
 
Public Health England. (2018). Evidence review of e-cigarettes and heated tobacco products 2018. Londres: Public Health England. Recuperado de https://www.gov.uk/government/publications/e-cigarettes-and-heated-tobacco-products-evidence-review 
 
 
 

18. El National Health Service (NHS) del Reino Unido aborda y desmitifica diversos mitos comunes sobre el vapeo, enfatizando que es significativamente menos perjudicial que fumar y puede ser una herramienta eficaz para dejar de fumar. Entre los mitos destacados se encuentran las creencias de que el vapeo es tan perjudicial como fumar, que la nicotina en sí misma es altamente perjudicial y que los cigarrillos electrónicos no ayudan a interrumpir el consumo de tabaco. El NHS aclara que, aunque el vapeo no está exento de riesgos, expone a los usuarios a solo una fracción de los peligros asociados con el consumo tradicional de tabaco, debido a la ausencia de muchas de las toxinas presentes en el humo del cigarrillo. Además, desmitifica la idea de que el vapor exhalado por los usuarios de cigarrillos electrónicos afecta la salud de los no usuarios, destacando la falta de evidencia significativa de daños en ambientes pasivos. El organismo también resalta la regulación estricta de los productos de vapeo en el Reino Unido, lo que garantiza estándares de seguridad y calidad para los consumidores. 
 
National Health Service. (2024). Vaping myths and facts. NHS. Recuperado de https://www.nhs.uk/better-health/quit-smoking/vaping-to-quit-smoking/vaping-myths-and-the-facts/ 
 
 
 

19. International Agency for Research on Cancer (IARC). (2012). Personal habits and indoor combustions: IARC Monographs on the Evaluation of Carcinogenic Risks to Humans (Vol. 100E). World Health Organization.  
 
 

20. U.S. Department of Health and Human Services. (2014). The health consequences of smoking—50 years of progress: A report of the Surgeon General. U.S. Department of Health and Human Services, Office of the Surgeon General.  
 
 

21. National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine. (2018). Public health consequences of e-cigarettes. The National Academies Press.  
 
 

22. Cancer Research UK. (n.d.). Is vaping harmful? CRUK. Recuperado de https://www.cancerresearchuk.org/about-cancer/causes-of-cancer/smoking-and-cancer/is-vaping-harmful 
 
 

23. Health Canada. (n.d.). Vaping to quit smoking. Gobierno de Canadá. Recuperado de https://www.canada.ca/en/health-canada/services/smoking-tobacco/vaping/quit-smoking.html 
 
 

24. Goniewicz, M. L., Knysak, J., Gawron, M., Kosmider, L., Sobczak, A., Kurek, J., Prokopowicz, A., Jablonska-Czapla, M., Rosik-Dulewska, C., Havel, C., Jacob, P., & Benowitz, N. (2014). Levels of selected carcinogens and toxicants in vapour from electronic cigarettes. Tobacco Control, 23(2), 133–139. 
 
 

25. Benowitz, N. L., & Henningfield, J. E. (1994). Establishing a nicotine threshold for addiction: The implications for tobacco regulation. New England Journal of Medicine, 331(2), 123–125. 
 
 

26. Denaro, C. P., Brown, C. R., Wilson, M., Jacob, P., Benowitz, N. L., & Benowitz, N. L. (1991). Dosed-related cardiovascular and neuroendocrine effects of caffeine in humans: Pharmacokinetics and comparison with nicotine. Clinical Pharmacology & Therapeutics, 49(1), 31–42. 
 
 

27. Cappelletti, S., Piacentino, D., Sani, G., & Aromatario, M. (2018). Caffeine: Cognitive and physical performance enhancer or psychoactive drug? Current Neuropharmacology, 16(5), 662–677. 
 
 

28. Maessen, G., Verbeek, C., & Busardò, F. P. (2020). Nicotine intoxication by e-cigarette liquids: A review of emerging risks. Clinical Toxicology, 58(10), 1003-1011. 
 
 

29. American Council on Science and Health. (2024, 19 de septiembre). The drug in your energy drink: Unpacking the science of caffeine. Recuperado de https://www.acsh.org/news/2024/09/19/drug-your-energy-drink-unpacking-science-caffeine-48950

Te invitamos a leer la segunda parte de esta entrevista con el Dr. Colin Mendelsohn, donde hablamos de quienes no pueden —o no quieren— dejar de fumar del todo, de si es ético ofrecer vapeo, tabaco calentado o bolsas de nicotina como alternativas más seguras y de cómo la reducción de daños puede cambiar por completo la forma en que acompañamos a las personas que fuman.


Este artículo fue traducido y adaptado al español por el equipo de Vaping Today. Publicación original: Libro Las Certezas Salvajes — Ensayo sobre la historia, la farmacología, los efectos y los imaginarios sistémicos de la nicotinay del e-book Além da Força de Vontade (Más allá de la fuerza de voluntad). Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.

Claudio Teixeira
Claudio Teixeirahttps://claudioteixeira.substack.com
Claudio Teixeira es periodista y editor de la Agencia C3PRESS, The Vaping Today y Disobedient Margins. Vive en Brasil.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Share post:

spot_img

Popular

Artículos relacionados
Relacionados

Detrás del humo y los espejos: el desafío continuo de la reducción de daños por tabaco

¿Qué frena la reducción de daños del tabaco? Harry...

El disparo de advertencia y el ajuste de cuentas del tabaco en África

En la COP11, África no emergió como un seguidor...

La prohibición del vapeo en México: ventanas rotas y discrecionalidad  

La prohibición, el mercado negro y el abuso policial...

Prohibir, castigar, desaparecer: el Estado mexicano y la ficción de la salud pública

Más que una verdadera política de salud pública, la...