Un análisis estadounidense de casi 292.000 registros infantiles encontró que, en los estados con mayores impuestos al vapeo, hay más hogares con fumadores y más informes de cigarrillos encendidos dentro de casa. La relación apareció entre familias con menor nivel educativo y pone sobre la mesa una consecuencia que la política fiscal debe medir.
La pregunta sobre los impuestos suele formularse en la tienda: ¿cuánto subirá el precio de un líquido para vapear? Jason Semprini, de la Universidad de Des Moines, llevó la pregunta a otro lugar: el interior de las casas donde viven niños. Su universidad presentó los resultados el 23 de septiembre, aunque el artículo científico apareció en línea el 21 de julio.
Semprini examinó datos de la Encuesta Nacional de Salud Infantil de Estados Unidos entre 2016 y 2024. En 291.667 registros de niños que vivían en hogares con dos progenitores, el 13 % tenía un adulto que fumaba en casa y el 2 % estaba en hogares donde se informó que alguien fumaba dentro de la vivienda. El análisis unió gravámenes estatales diferentes por medio de su relación con una unidad comparable: dólares por mililitro de producto de vapeo. Incorporó características sociodemográficas, efectos fijos por estado y año, así como ponderaciones de la encuesta y errores estándar robustos.
Una diferencia pequeña con un efecto importante
Por cada dólar adicional de impuesto equivalente por mililitro, el modelo estimó 0,51 puntos porcentuales más de probabilidad de que hubiera un fumador en el hogar, con intervalo de confianza del 95 % entre 0,09 y 0,94 puntos. Para fumar dentro de la vivienda estimó 0,33 puntos más, con intervalo entre 0,08 y 0,57. Respecto de las tasas de partida, el autor expresa esos cambios como aumentos relativos de 7 % y 16 %. Son asociaciones promedio del modelo, no una predicción de que todo aumento real de un dólar tendrá un efecto idéntico en todos los casos.
La señal se concentró en hogares con progenitores de menor nivel de escolaridad. Ese patrón lo podría explicar una presión mayor del precio sobre las familias con menos recursos, aunque el estudio no siguió a una persona para documentar que dejó de vapear y volvió al cigarrillo. Tampoco midió la nicotina en el aire ni biomarcadores de los niños: utilizó las respuestas del hogar sobre el hábito de fumar y sobre fumar puertas adentro. La población estudiada excluye hogares con un solo progenitor, por lo que el resultado no describe a todas las familias.
La preocupación sanitaria tiene un fundamento independiente del impuesto. El CDC explica que la exposición infantil al humo de segunda mano eleva riesgos respiratorios y de otras enfermedades. Si un adulto que fuma reemplaza completamente los cigarrillos por una alternativa sin combustión, desaparece el humo de cigarrillo que esa persona producía. Aun así, cabe aclarar que esto no vuelve inocuo el aerosol ni prueba qué ocurrió en cada hogar de la encuesta.
El precio de los cigarrillos y de una alternativa a ellos
El mecanismo económico merece atención. Abigail Friedman y colaboradores observaron, en otro conjunto de datos estadounidenses de personas de 18 a 25 años, que impuestos más altos sobre sistemas electrónicos de administración de nicotina se asociaban con menos vapeo y más tabaquismo, mientras el gravamen al cigarrillo mostraba relaciones inversas. Son muestras y desenlaces distintos. El trabajo de Semprini añade un indicador de terceros expuestos, no una réplica en la misma población.
Está claro que existen motivos para gravar productos que generan dependencia y para prevenir su uso entre jóvenes. Sin embargo, el problema puntual es si la combinación de impuestos mantiene un incentivo suficiente para que quienes fuman abandonen el producto que se quema. La comparación relevante para un adulto que sigue fumando es la sustitución completa, no el uso dual sostenido. Estudios de biomarcadores encuentran exposiciones menores a numerosos tóxicos en usuarios exclusivos de vapeo que en fumadores, mientras quienes siguen usando cigarrillos combustibles continúan acumulando exposición al humo.
El nuevo resultado pide una evaluación que haga el seguimiento de precios, patrones reales de compra, cambios de producto y exposición doméstica antes y después de las reformas. Por el momento, el dato más sólido es una asociación concentrada en hogares de menor educación. Al diseñar impuestos, ignorar el humo que se produce dentro de casa deja por fuera una consecuencia que la encuesta permite observar, aunque todavía no permita explicar por completo su causa.
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