Parte 8
La Dra. Roa alcanzó su consagración global justo cuando su autoridad comenzaba a resquebrajarse desde dentro.
Entre aplausos internacionales y quejas locales, su figura dejó de ser solo una funcionaria:
se volvió espejo quebrado de un modelo que ya no sabe si resistir, adaptarse… o transformarse.
En 2023, la paradoja adquirió su forma más nítida.
En mayo, la Organización Mundial de la Salud otorgó a la Dra. Reina Gisela Roa Rodríguez el Premio de Reconocimiento Especial del Director General, en homenaje a sus dos décadas de trabajo en el control del tabaco.
No se trataba de una simple distinción: era un gesto de consagración simbólica —casi una canonización laica— que la consolidaba como referente global.
Pero ese reconocimiento contrastaba de forma cada vez más aguda con las tensiones no resueltas que aún persistían en su propio país.
La OMS la celebró como figura clave en la ratificación y aplicación del Convenio Marco para el Control del Tabaco (CMCT), destacando su capacidad para sostener —durante años— una línea política que no solo articulaba narrativa científica y arquitectura normativa, sino que también supo moverse —con pericia y convicción— entre las corrientes, a veces contradictorias, de la presión internacional.
Durante las actividades del Día Mundial Sin Tabaco, ese mismo mes, volvió a ser distinguida. Se celebró su liderazgo regional, su defensa persistente de los entornos libres de humo y una capacidad de incidencia normativa que —cada vez con más nitidez— dejaba atrás las fronteras panameñas. La figura local cedía paso al emblema multilateral.
Y, sin embargo, en 2023, Panamá —su base institucional, su primer territorio de legitimidad— comenzó a mostrar fisuras cada vez más difíciles de disimular. Una queja administrativa formal fue presentada en su contra dentro del propio Ministerio de Salud (MINSA). Pero no era solo la denuncia lo que sorprendía, sino su origen: quien la firmaba era el nuevo coordinador de la Comisión Nacional para el Control del Tabaco, el mismo cargo que la Dra. Roa había ocupado hasta hacía poco.
La línea de fractura ya no era solo simbólica: era funcional. En los foros internacionales, la Dra. Roa seguía siendo celebrada como una heroína de la salud pública latinoamericana. Pero, en el ámbito nacional, arrastraba un expediente que no dejaba de crecer: la denuncia penal presentada en febrero de 2023 por una presunta omisión de deberes; las consecuencias patrimoniales y los cuestionamientos derivados del caso Angels Wings, incluidas las medidas inicialmente ordenadas en 2017 y posteriormente modificadas respecto de algunos bienes; y ahora, la pérdida de respaldo dentro del propio MINSA. Lo que antes podía parecer resistencia externa comenzaba a brotar desde el corazón mismo de la institución.
Los detalles de la acusación no fueron divulgados —al menos no de forma accesible para la ciudadanía. Pero su mera existencia ya decía lo suficiente: algo se había resquebrajado en el núcleo técnico-político que, durante años, había sostenido su autoridad. No era solo una queja interna; era una señal —aún tenue, pero inquietante— de que la legitimidad que la respaldaba desde dentro ya no era unánime. Ni indiscutida.
El cierre del año no trajo alivio, sino una nueva tensión.
El cierre del año no trajo alivio, sino un nuevo foco de escrutinio. Tras recibir una solicitud de auditoría sobre el Fondo de Tabaco del Ministerio de Salud, la Contraloría informó que realizaría las gestiones pertinentes para examinarlo una vez concluyeran otras auditorías programadas y existiera disponibilidad de recursos.
La respuesta no equivalía todavía a un informe de hallazgos ni a la comprobación de irregularidades. Pero introducía una nueva pregunta sobre el manejo de un fondo vinculado a las políticas de control del tabaco y administrado durante años bajo la estructura encabezada por Roa.
Un expediente más. Abierto. Silencioso. Inquietante.
En retrospectiva, 2023 puede leerse como el clímax narrativo de una figura atrapada entre dos relatos que ya no podían coexistir. Uno, internacional, que la consagraba como arquitecta de políticas ejemplares y rostro visible de una causa global. Otro, doméstico, que la confrontaba por omisiones persistentes, conflictos no resueltos y silencios tan elocuentes como las decisiones.
Ya no era solo una discrepancia de narrativas. Era el momento en que el prestigio global empezó a chocar —de frente— con la exigencia de rendición de cuentas nacional.
A finales de 2023, esas preguntas seguían abiertas. Y cada vez más difíciles de esquivar.
Y en ese espacio incierto —entre la medalla colgada en Ginebra y la queja firmada en Ciudad de Panamá— la figura de Roa dejaba de ser lineal para convertirse en otra cosa: un símbolo de algo más profundo.
Un espejo del dilema contemporáneo de la salud pública, especialmente en el Sur Global: atrapada entre la faz imperial de la cooperación internacional, una gobernanza pública intencionalmente debilitada, y la sombra persistente —no siempre distinguible— de la impunidad… o de la desconfianza.
Un reconocimiento no cierra las preguntas
Este artículo es la octava entrega de “El síndrome Roa: Una historia de poder, prestigio y salud pública en América Latina”, una serie especial compuesta por 12 publicaciones.
En los capítulos anteriores presentamos el concepto que da nombre a la serie, reconstruimos la trayectoria de Reina Roa, examinamos las irregularidades vinculadas al caso Angels Wings y seguimos las consecuencias administrativas, patrimoniales y penales de las actuaciones y omisiones atribuidas a la funcionaria.
En esta entrega, las dos narrativas que atraviesan la investigación volvieron a encontrarse. Mientras la Organización Mundial de la Salud reconocía internacionalmente la trayectoria de Roa, en Panamá continuaban creciendo las denuncias, las solicitudes de investigación y las preguntas sobre la gestión de recursos destinados al control del tabaco.
El premio no demuestra inocencia. Las denuncias y solicitudes de auditoría tampoco constituyen por sí mismas una condena. La contradicción reside precisamente en la coexistencia de ambos relatos y en la dificultad institucional para establecer qué peso debe tener cada uno.
Cada nueva publicación incluirá enlaces para regresar a las entregas anteriores, avanzar hacia la siguiente o comenzar la investigación desde el principio. Así, quienes se incorporen más adelante podrán recorrer las 12 entregas en el orden en que fueron concebidas.
Entregas anteriores:
- Primera entrega: El síndrome Roa
- Segunda entrega: Más allá de su protagonista
- Tercera entrega: Casillas vacías: el caso Angels Wings
- Cuarta entrega: Luz exterior, sombra interior
- Quinta entrega: Entre la ovación y la imputación
- Sexta entrega: Patrimonio, poder y el límite difuso del interés público
- Séptima entrega: El silencio como delito
Próxima entrega: Caída en el centro del escenario, un capítulo sobre la COP10 del Convenio Marco para el Control del Tabaco y la coincidencia entre la máxima exposición internacional de Reina Roa y el avance de los cuestionamientos judiciales en Panamá.
La consagración no reparó el espejo. En la próxima entrega, el escenario internacional dejará de funcionar como fondo y se convertirá en el centro mismo de la contradicción.
Textos sugeridos para los botones
← Leer la séptima entrega
Comenzar desde la primera entrega
Continuar con la novena entrega →
Este artículo es una publicación original. Si encuentra algún error, inconsistencia o tiene información que pueda complementar el texto, comuníquese utilizando el formulario de contacto o por correo electrónico a redaccion@thevapingtoday.com.
