Parte 5
Mientras era celebrada como referente en las cumbres sanitarias, su nombre seguía atado a expedientes judiciales aún sin cerrar.
Lo suyo no era solo una paradoja biográfica. Era el retrato incómodo de un sistema que aún no sabe qué hacer con quienes brillan afuera… y son cuestionados adentro.
En 2020, la trayectoria de la Dra. Reina Gisela Roa Rodríguez había cruzado una frontera definitiva. Ya no era solo una funcionaria panameña reconocida por su labor en el control del tabaco: se había convertido en una figura estratégica dentro del engranaje institucional de la salud pública global.
Su nombre ya no orbitaba en los márgenes.
Habitaba, con autoridad, el centro del aparato transnacional.
Para 2020, la trayectoria de la Dra. Reina Gisela Roa Rodríguez ya había cruzado una frontera definitiva. Dos años antes, durante la octava sesión de la Conferencia de las Partes (COP8) del Convenio Marco para el Control del Tabaco, celebrada en Ginebra en octubre de 2018, había sido elegida vicepresidenta de la Mesa en representación de la Región de las Américas y designada relatora.
El nombramiento la integró formalmente a uno de los núcleos de gobernanza del tratado durante el periodo comprendido entre la COP8 y la COP9. Para 2020, por tanto, su nombre ya no orbitaba en los márgenes del aparato transnacional: participaba, con autoridad institucional, en su estructura de dirección.
Ese nombramiento le daba acceso directo a uno de los núcleos más estratégicos de gobernanza sanitaria global: un espacio donde se definen normas, financiamientos y marcos regulatorios que afectan a millones de personas.
Desde esa posición —más que simbólica—, Roa no solo participaba en la elaboración de resoluciones internacionales, sino que hablaba en nombre de una región entera. Su voz, legitimada por años de trayectoria técnica, operaba ahora como representación oficial de las Américas ante el tratado global más influyente en control del tabaco.
En ese tablero, Panamá era ya solo un punto de partida. Su voz —y sus gestiones— habían trascendido cualquier límite nacional. A medida que ganaba autoridad en el escenario multilateral, su participación regional se expandía, sostenida por redes internacionales de financiamiento y cooperación técnica.
En Costa Rica, se integró activamente a la Red Nacional Antitabaco (RENATA), apoyando la aplicación del Convenio con el respaldo de la Iniciativa Bloomberg —uno de los principales financiadores de programas antitabaco a nivel mundial.
En Guyana, ofrecía asesoría legal para la redacción de legislación sanitaria, también bajo el paraguas del Proyecto Bloomberg. Su rol allí no era solo técnico: intervenía desde la autoridad que le confería una legitimidad ya consolidada en organismos globales.
Al mismo tiempo, su nombre se afianzaba en la Campaign for Tobacco-Free Kids (CTFK), una de las principales organizaciones internacionales en promoción de políticas de restricción a la nicotina. Desde su cargo como Directora de Programas para América Latina, articulaba materiales educativos, campañas de comunicación y asistencia técnica para gobiernos que buscaban implementar legislaciones libres de nicotina y humo.
Mientras su figura se proyectaba como autoridad regional en el debate emergente sobre cigarrillos electrónicos, uno de los ejes centrales en las COP10 y COP11 del CMCT, en Panamá los expedientes judiciales seguían abiertos.
Las medidas cautelares dictadas en 2017 por el Tribunal de Cuentas continuaban en vigor, y el proceso derivado del caso Angels Wings avanzaba sin sentencia definitiva.
Su nombre seguía ligado a una cadena de responsabilidades administrativas que había permitido pagos sin respaldo documental.
Así, la Dra. Roa habitaba dos narrativas paralelas que rara vez se tocaban.
En los pasillos de Ginebra y Washington, era arquitecta de políticas públicas con alcance continental. En los informes judiciales de su país, seguía siendo la funcionaria que firmó certificados que validaron vuelos inexistentes.
La distancia entre ambas imágenes no era solo geográfica.
Era política.
Era simbólica.
Casi ontológica.
En un mundo hiperconectado, donde la reputación se construye a escala global y la rendición de cuentas sigue anclada a jurisdicciones locales, la figura de Roa encarna una paradoja inquietante:
¿Puede una trayectoria impecable en los foros internacionales eclipsar —sin borrar— una actuación cuestionada en casa? ¿Y qué ocurre cuando la ética pública se fractura entre la percepción y el expediente, entre lo que se celebra… y lo que aún se investiga?
El año 2020 no resolvió esas preguntas.
Las profundizó.
Mientras tanto, Roa seguía hablando desde tribunas donde se diseñaban políticas de salud para millones —y desde donde, tal vez, también se reescribía su propia historia.
Dos narrativas, una investigación abierta
Este artículo es la quinta entrega de “El síndrome Roa: Una historia de poder, prestigio y salud pública en América Latina”, una serie especial compuesta por 12 publicaciones.
En las entregas anteriores reconstruimos el origen del concepto que da nombre a esta investigación, el perfil de Reina Roa, las irregularidades vinculadas al caso Angels Wings y el contraste inicial entre los reconocimientos internacionales y las medidas patrimoniales que permanecían activas en Panamá.
En este capítulo, ambas narrativas terminaron ocupando el mismo escenario: mientras su autoridad crecía dentro de la gobernanza sanitaria internacional, su nombre continuaba ligado a expedientes aún sin resolución definitiva en su país.
Cada nueva publicación incluirá enlaces para regresar a las entregas anteriores, avanzar hacia la siguiente o comenzar la serie desde el principio. Así, quienes se incorporen más adelante podrán recorrer la investigación completa en el orden en que fue concebida.
Entregas anteriores:
- Primera entrega: El síndrome Roa
- Segunda entrega: Más allá de su protagonista
- Tercera entrega: Casillas vacías: el caso Angels Wings
- Cuarta entrega: Luz exterior, sombra interior
Próxima entrega: Patrimonio, poder e interés público, un capítulo sobre las operaciones patrimoniales, los vínculos familiares y las preguntas jurídicas que ampliaron el alcance del caso.
La ovación no cerró el expediente. En la próxima entrega, la investigación seguirá el rastro del patrimonio y las estructuras construidas alrededor del poder.
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